Orfeo's profileLa Lira de OrfeoBlogLists Tools Help

La Lira de Orfeo

El canto pervive sobre la corriente del tiempo
March 27

Despertar

Rayos de sol

endurecidos en el polvo del ambiente,

la oscura densidad de mi habitación.

La noche rota.

 

Las sábanas húmedas todavía

de la insomne angustia nocturna,

húmedas de suspiros, húmedas de fríos.

El cuerpo ahogado en el vago frescor

que se condensa.

 

Despierto.

 

El resplandor miserable de un sol opacado

deslumbrando los ojos vidriosos

por la noche en vela.

La sal, dolores y sudor, seca ya

enmarcando el rostro trasnochado.

 

El sueño, como todo a veces,

es una derrota más, la cobardía.

Él es quien conquista,

el miedo a seguir despierto.

Detrás de la mano fría que todos buscamos

que oprima el corazón y cierre nuestros párpados.

 

Para muchos, aún es de noche.

 

No me muevo aún.

Las piernas cruzadas al borde

y los brazos cruzados sobre el mismo pecho.

Compensación fatua de una ternura negada.

 

Dormimos solo, aún acompañados.

 

El sol avanza, aún sólido

desdibujando las arrugas de mi sábana,

calentando los pies,

hiriendo el escalofrío.

 

Me pongo de pies, físicamente.

  

Miro. La ventana se empaña con mi aliento,

el vaho de miseria y soledad.

Y la abro de par en par...

 

El aire frío de la noche cediendo

con la oscuridad retraída en madrugada.

 

El tibio escozor de la mañana,

el tibio sueño de un mañana...

 

Sonrío. Debo.

 

6 de octubre de 2000

March 20

Sueños de obsidiana

A Carolina, con mucho amor

 

Insomne

bajo la noche insoportable,

los ojos siempre abiertos.

Escalofríos bajo las sábanas.

 

No me ves, ni siquiera

bajo el rojo latido de los minutos

desfilando por tu reloj

marcando el ritmo de la madrugada.

El ritmo de nuestros corazones.

 

Como el rocío sobre la hierba

me condenso sobre tu cama

y tomo tu diestra de mármol,

siento tus fríos...

tú no me sientes siquiera,

tus ojos tampoco me ven.

 

Sé lo que dijo tu mirada.

Sé lo que dijo entonces.

 

Un segundo, menos tal vez,

no supongo más su cruce,

pero ¡cuántas cosas brillaron en tus pupilas,

en el cristal de una lágrima reprimida!

 

Un suspiro atraviesa la noche...

tantos anhelos...

 

Tu mirada congelada emana

los fríos de la miseria,

aquel odio tan helado,

la flama azul del desamor,

dentro del dolor salino de tu lágrima

que se empeña en no caer...

 

Pero tus labios,

esa flor de pálidos pétalos,

contraídos por una duda,

sus comisuras dibujando la orden, la plegaria

de un silente ruego jamás contestado:

"dime: ¿he vivido?"

 

Las respuestas no están afuera,

ni brotarán de boca de nadie.

 

Y nuestros corazones crepitan

como, bajo la lluvia, la hojarasca.

en la sombra de la Única Duda.

 

Toda incertidumbre es camino y esperanza

y la Esperanza el camino a la Certeza.

 

La batalla es el caos interno

casi siempre en las afueras librado.

La Vida.

Nuestra vida.

 

Ignoro tu lucha, ignoro tu enemigo,

pero conozco el lugar de tu victoria.

Dentro, como el perdón y mi ruina.

Dentro de tu corazón.

 

Una verdad asimilada.

 

Poco a poco tus ojos se cierran,

como antes tus manos, aferrando de la noche

la más negra tranquilidad.

 

Una lágrima surge entonces

resbalando por tu mejilla

al ritmo de tu respiración.

 

Duerme, querida, duerme...

 

Y mi mano etérea recorre el camino

del surco de dolor y de sal,

secándose al calor de mi ternura.

 

Duerme, para así yo poder descansar.

 

Separados por la distancia material,

bajo un mismo cielo protegidos,

bajo la misma noche envueltos,

nuestras almas en comunión yacen

conquistadas por el sueño conquistado.

 

Un sentir egoísta se escucha

en el suave rumor del edénico canto

de nuestra noche de mutua tranquilidad.

 

Duerme ahora, duerme ya.

 

1 de octubre de 2000
March 13

Borrasca

La lluvia crepita amarga

sobre la encorvada espalda del Errante.

Caminos de polvo, el descanso vedado,

la fina y punzante cadena y espina

del andar vagando por la vida.

 

Siglos de sigilo. Llueve aún.

 

Llueve eternamente.

El goteo arrítmico, tanto afuera, a veces,

como en el corazón, constante.

 

El vaho de la tierra se eleva

como un aliento corrompido

suspirando tras sus pasos.

 

Y el único calor,

el ardor de aquella pena ígnea,

esa rabia profunda, el vapor de la herida

que le nubla los ojos.

 

Prisionero de los silencios

desgarrados con su angustia.

 

Llueve.

Agua y sal.

 

Los brillos mueren en la niebla,

la que ciega la atmósfera,

la que oprime su corazón.

Ojos ciegos, estrellas muertas.

 

Soledad.  Soledad y lluvia.

Solitario y húmedo desde el alma.

 

La frente hundida en el barro,

un sorbo de agua sucia, se asume la decadencia.

Los párpados llenos de lodo.

 

Libre en la prisión del sueño,

mas no durará eternamente.

Llueve aún.  Lloverá siempre.

 

Fría piel.  Fría impotencia

y la oscuridad...

Y llueve a pleno sol.

 

28 de septiembre de 2000
March 06

Sólo un beso

Un beso;

doloroso crepitar en el fondo

de esta nostalgia cenicienta.

 

Un fantasma toca a la puerta

llamando con golpes de fortuna,

lleva entre sus manos muertas

una nueva rosa, inoportuna.

 

Me ofrece, como si tal cosa,

interrumpiendo la indiferencia, las rutinas,

los pétalos marchitos de aquella rosa

escondiendo entre los dedos las espinas.

 

Bañado en lágrimas, escrutando tus ojos,

voy reconstruyéndote con la mirada,

con cada recuerdo, que yo escojo.

Siento de nuevo tu telaraña.

 

El silencio nos cruza mano con mano

y los labios se sellan tras un sabor de antes,

un último esfuerzo de aquel sentir lejano,

pero ¿y las almas?... qué distantes.

 

Me retiro de ti, extinguiendo el ardor

de aquella unión dura, complaciente,

sustituida la llama exigua de aquel amor

por un dolor amargo... silente...

 

20 de septiembre de 2000

February 27

Pensándote

Pensándote,

la noche entera en vela

enervando los sentidos.

 

Anhelándote

desde el profundo abismo

de un pasado herido, un presente ambiguo.

 

Me dueles

con la rabia de un tiempo perdido,

con la tristeza de un corazón marchito.

 

Te busco

con las puntas de los dedos, resecas ya,

a través del estremecer de los sentidos

tanteando huellas de un dolor corroído

y de una vana esperanza.

Pero no te encuentro, Adriana.

 

Y aún sorprendí a mis ansias

al borde de tus labios, y al deseo

quitándole el polvo a mis nostalgias...

la irrompible cadena del recuerdo.

 

¿A qué demonios invoco

removiendo cenizas, soplando brasas,

cuando tus manos cierras

sobre las líneas de mi suerte?

 

Entre la delicadeza de una telaraña

la memoria se enmaraña;

red de anhelos, suspiros perdidos,

el añejo milagro jamás consumado.

 

Te siento en cada fibra del ayer,

me ardes con la duda del presente,

mas no ignoro las sombras del mañana.

 

No puedo quererte con el alma antigua,

con los resquicios de aquel sueño,

no puedo darle futuro a la hoy ilusión.

 

El tiempo y la ausencia

hicieron mella en aquel amor.

 

No me pidas amarte

con la mirada lejana y perdida

de aquellos ojos muertos.

 

Por piedad...

no podemos calentarnos

con un puñado de cenizas consumidas.

 

15 de septiembre de 2000

February 20

El lamento del fénix

          I

El vago crepitar de un alma,

el aleteo nervioso de la flama.

Viento que nos arrastra,

el mismo soplo que nos alimenta.

La pena ígnea que nos calcina,

viviendo con el temblor de una llama al extinguirse,

consumido por el dolor, consumado.

 

          II

Y después de todo quedan cenizas,

dolores y placeres a polvo reducidos

sumido a la brutal indiferencia de la nada.

 

Como brasa muerta prosigo,

insensible ya al frío del existir,

en brumoso camino de ciego inexperto

para esparcirme por los ajenos vientos.

 

          III

Fluctuando a través de las miserias

de la resurrección y la combustión,

ambas desgracias van de la mano

torturándome en el Eterno Retorno.

 

Lamentos de un fénix hastiado.

 

          IV

Todos recorremos la vida con una herida

que jamás podremos curar;

la cadena eterna del Destino

que arrastramos hasta en lo cotidiano.

 

Ardemos a cada paso en el dolor

que nos quema a través de los insomnios,

y como única tregua la consumación.

 

El tedio se extiende desde nuestras brasas humeantes

como un humo enceguecedor

y va viciado ya la flama que nos arrasó.

 

La nada nos envuelve, y todo pierde su sentido,

el dolor y la indiferencia, ya uno mismo.

  

Y esto

la única esperanza

—la última inconsciencia—,

de romper la cadena inmortal

de la resurrección.

 

12 de septiembre de 2000

February 17

Entrada Extraña

Hace unos días fui Nominado para contestar una serie de preguntas por parte de Dead Angel (http://spaces.msn.com/amaru-engel) que a su vez había sido nominada por alguien más.

Confieso que al principio comencé a contestarlas más por no quedar mal con ella que por interés en las preguntas, pero debo reconocer que el contestarlas se volvió una meditación interesante.

Sin más ni más, éstas son mis respuestas.
 
Siete Cosas que haría antes de morir:

 

  • Llamar a todas las personas que han sido importantes en mi vida (aunque ya no lo fueran en el momento).
  • Asegurarme que mis pocas pertenencias pasen a las manos que más las aprecien.
  • Caminar sin rumbo una tarde entera oyendo música en mis audifonos.
  • Abrazar a todos los que quiero, y no dejar de sonreir frente a ellos.
  • Pedir perdón a todas las personas por todos los males que pude haber causado.
  • La última noche de mi vida quisiera acostarme temprano, solo, y escuchando “And the Story Ends”.
  • Admitir que he sido feliz.

Siete Cosas que hago bien:

 

  • Escribir, al menos cumple su función comunicativa.
  • Imaginar situaciones posibles, narrar historias.
  • Hacer sentir especiales a las personas cuando lo son.
  • Hacer reír a una persona triste.
  • Tender una mano.
  • Encontrar el lado divertido e irónico de casi cualquier situación.
  • Enamorarme ridículamente.

Siete Cosas que no sé hacer o que no puedo hacer:

 

  • Conocer gente nueva.
  • Ser tolerante.
  • Reconocer que he cambiado de opinión.
  • Reconocer cuando me equivoco.
  • Comer sushi con palillos.
  • Ser paciente con los ignorantes voluntarios.
  • Olvidar.

Siete Cosas que me encantan:

 

  • El café en las mañanas y en los días nublados (de noche me mata).
  • La música, aislándome, haciendo al mundo una mala película pero con un soundtrack impresionante.
  • Poe, Tolkien, Dostoievski, Neruda, Benedetti y una lista interminable.
  • Las personas orgullosas de quienes son.
  • Los cacahuates japoneses.
  • Terminar un poema.
  • Que la gente confíe en mí.

Siete Cosas que odio:

 

  • Mi incapacidad para el perdón y el olvido.
  • Mi nostalgia.
  • La gente que se disfraza para intentar ser de una manera que nunca será.
  • Que el mundo se rija por todas las leyes contrarias de la justicia y el mérito.
  • El sentirme impotente ante el dolor de los que quiero.
  • Los estereotipos de felicidad y triunfo.
  • Las cadenas de internet (a excepción de ésta).

Siete personas que desearías que respondieran estas preguntas: